
Riquelme sintió una molestia y enseguida le pidió el cambió a Borghi, pero recién salió en el entretiempo. El 10 venía de diez días sin fútbol, recuperándose de una dolencia. Casi no la tocó.
Riquelme quería jugar. Y jugó. Después de una previa en la que ni hizo fútbol, en la que se estuvo recuperando de una dolencia con la que terminó el partido contra Argentinos, su regreso tras casi medio año. Pese a que sólo realizó trabajos físicos en la semana y pasó mucho por kinesiología, Borghi le hizo caso y puso al 10. Sin embargo, desde el comienzo que no se lo vio cómodo a Riquelme.
Tardó más de cinco minutos en tocar la primera pelota y, además, enseguida hizo un gesto hacia el banco pidiendo el cambio. Ahí empezó a hacer el calentamiento previo Pochi Chávez, ya que el 10 no se sentía bien. Sin embargo, finalmente en ese primer tiempo Riquelme se quiso quedar en la cancha. A diferencia de su regreso diez atrás, esta vez participó poco del juego y no tuvo peso en los primeros 45 minutos. Sólo se lo notó encendido cuando le pidió a Baldassi un penal a Palermo, después de un centro de Mouche. Después, en el PT, nada del 10, acostumbrado a romperla en los superclásicos.
Tan mal anduvo Riquelme en el primer tiempo que en el ST ni salió a jugar (entró Chávez). Claro, sintió el hecho de no haber hecho un trabajo fuerte durante diez días y no se pudo recuperar bien de la tendinitis. Para Riquelme, que acostumbraba a romperla en los superclásicos, fue el peor superclásico de su vida.
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