Maidana saltó más que todos y de cabeza quebró a García, que era la figura. Con el gol del ex Boca, River se llevó el Súper, ganó después de siete fechas y noqueó a Boca y a Borghi. "Despacito, despactito, despacito...", festejaron los jugadores.River lo sufrió, River lo jugó, River lo ganó. Boca apenas lo sufrió y así le fue. Las ganas de resucitar de uno contra la desorientación total del otro. La aparición de Acevedo en un clásico contra el nivel subterráneo del equipo rival. Las chances de uno contra no pasar la mitad de cancha de otro. Los resultados pueden ser esperados, pero el cómo siempre obliga a matices. Y Boca transitó por los peores equipos de su historia mientras River asomó la cabeza desde el más allá.
¿Puede ser excusa el clima previo de cada uno? ¿Cómo se explica que River haya jugado uno de sus mejores partidos del año con un entrenador que asumió hace pocos días, como JJ López? ¿Cómo se entiende que el mejor de Boca sea el arquero que entró por la ventana y no había atajado ni un lateral en el torneo?
Que Riquelme fuera la llave de la historia era lo que se imaginaba Borghi. Sólo que en esta ocasión, sirvió para cerrarle la puerta a su propio equipo. El no jugar de Román le dio vida a River. Pereyra y Lamela bien abiertos fueron un problema para la línea de cuatro de Boca. Los desbordaron siempre y mientras todos se preocupaban en el medio por el regreso de Almeyda, se olvidaron de que Acevedo también jugaba. Battaglia se perdió en el descontrol general y al final, la fórmula de Boca, paupérrima, fue la de revolearle pelotas a San Palermo, que esta vez no trajo milagros.
River copó el medio rápidamente. Ortega, sin brillar, fue pase y preocupó. Lamela, enganchando de derecha a izquierda estilo Messi, se filtró bien. Mientras Boca no hacía nada, los desbordes de River prometían goles que no llegaban porque Ferrari tiene menos zurda que Macri y Pavone y Ortega no esperaban que García atajara como atajó.
Boca nunca reaccionó. La entrada de Chávez por el lesionado Riquelme, el ingreso de Viatri ni la apariciòn de Monzón cambiaron algo. Maidana, harto de ganar de alto en su defensa, metió un cabezazo de manual y rompió el cerco que García parecía tener en su arco. El envión típico del herido apenas asustó a un River que lo jugó en cada dividida, que lo pensó desde el medio y que se la creyó. Que supo que no podía dejar pasar el nocaut a un equipo que jugó tan mal como su lugar en el tabla.
Al final fue fiesta en Núñez. Merecida, claro, porque River fue mucho más que Boca más allá que después del gol se tiró peligrosamente atrás. Al final, después de siete partidos sin ganar, hubo descarga y el típico cantito de gastada, en el medio de la cancha, de los jugadores, abrazados: "Despacito, despacito, despacito...".
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